Un inventario de software es una lista de todo lo que la empresa paga por persona: cada herramienta con su precio, quién la paga, quién responde por ella, cuántas licencias se compraron y cuántas se usan, y cuándo se renueva. En una empresa de 60 personas se arma en una tarde con tres fuentes: el resumen de la tarjeta, la consola de Google Workspace y los mails de recibo. Lo difícil no es armarlo, es que siga vivo después del primer mes.
Actualizado el 11 de octubre de 2026 · 7 min de lectura · Mekovault
Si le preguntás al gerente de finanzas cuánto gasta la empresa en software por mes, va a mirar la tarjeta. Si le preguntás al encargado de sistemas, va a mirar la consola de Google. Si le preguntás a marketing, va a nombrar Canva y dos herramientas que el resto no conoce. Ninguno tiene la lista completa, y no es por descuido.
El software se compra de a poco. Alguien arranca una prueba gratis con su tarjeta y la empresa se la reintegra. Un gerente contrata Zoom para su equipo con la tarjeta de su área. La persona que creó la cuenta de Notion se fue hace un año y el cobro sigue llegando a una tarjeta que nadie revisa fila por fila. Cada compra tuvo sentido en su momento; lo que nunca existió fue un lugar donde anotarlas todas.
El resultado es conocido: cuando llega la renovación anual de Google Workspace, nadie sabe cuántas licencias hacen falta de verdad. Y cuando alguien se va, nadie sabe en qué herramientas tenía un asiento pago.
Un inventario de aplicaciones no necesita treinta columnas. Necesita seis, y que estén completas para cada herramienta:
No hace falta entrevistar a toda la empresa. Tres fuentes cubren casi todo:
Con eso tenés nombre, precio, periodicidad y quién paga. Lo que falta, responsable y licencias usadas, se le pregunta a cada jefatura con una lista corta: “estas son las herramientas de tu área, ¿quién las usa?”.
Así se ve un inventario de software recién armado, con precios de ejemplo redondeados. Las filas incompletas no son un error: son la lista de preguntas pendientes.
| Herramienta | Precio y periodicidad | Quién paga | Responsable | Compradas / usadas | Renovación |
|---|---|---|---|---|---|
| Google Workspace Business Standard | US$ 14 por licencia por mes, plan anual | Tarjeta de la empresa | Gerente de operaciones | 64 / 58 (3 en cuentas suspendidas) | 15 de marzo |
| Slack Pro | US$ 9 por persona por mes, mensual | Tarjeta de la empresa | Gerente de operaciones | 60 / 55 | Mes a mes |
| Zoom Workplace Pro | US$ 15 por licencia por mes, plan anual | Tarjeta del gerente comercial | Ventas | 10 / 4 | 1 de julio |
| Canva para equipos | US$ 10 por persona por mes, plan anual | Tarjeta personal, reintegro | Marketing | 5 / 5 | 20 de noviembre |
| Notion Plus | US$ 10 por persona por mes, mensual | Tarjeta personal de alguien que ya no trabaja | Nadie definido | 12 / 7 | Desconocida |
Esta empresa paga unos 1.300 dólares por mes en estas cinco herramientas. Con la tabla a la vista aparecen de inmediato tres cosas que nadie había visto: Zoom tiene 6 licencias sin usar que se renuevan en julio, Notion lo paga alguien que ya no está y Google tiene 3 licencias en cuentas suspendidas que se cobran igual que las activas.
Qué hacer con lo que aparece. Lo normal es encontrar tres tipos de hallazgos:
La planilla que armaste hoy está desactualizada el mes que viene: entra una persona, se va otra, alguien contrata una herramienta nueva, Zoom se renueva. Nadie vuelve a abrirla porque mantenerla es un trabajo que no tiene dueño. Para que el inventario siga vivo, cada movimiento tiene que actualizarlo solo.
Mekovault arranca por ahí. La pantalla de Licencias lee Google Workspace y muestra, por plataforma, las licencias compradas, las usadas y las que están en cuentas bloqueadas, con lo que cuestan por mes y hasta qué fecha se pueden reducir. Las suscripciones que no tienen conector (Canva, Notion, Adobe y el resto) se registran en Compras de software con precio, fecha de renovación y responsable, y entran al mismo control. Y para no arrancar de cero, importás la planilla que armaste esta tarde: cada fila queda con dueño, vencimiento y aviso 30 días antes de la renovación.
Desde ahí, cuando alguien se va, su asiento en cada herramienta queda marcado para liberar. Cuando alguien pide algo nuevo, pasa por aprobación y queda en la lista desde el primer día. El inventario deja de ser una tarea y pasa a ser el registro de lo que ya ocurre. Si querés ver cuánto pagás hoy por licencias que nadie usa, probá la calculadora.
La lista de todas las herramientas por las que paga la empresa, con precio, periodicidad, quién la paga, quién es responsable, cuántas licencias se compraron y cuántas se usan, y la fecha de renovación. Es la base del control de gastos en software: sin la lista no sabés cuánto gastás ni qué podés cortar.
Con tres fuentes: el resumen de cada tarjeta (empresa y personales reintegradas), la sección Facturación de la consola de Google Workspace y una búsqueda de recibos en el mail. Entre las tres aparece casi todo; lo que falta sale preguntándole a cada jefatura qué paga su área.
Una tarde para la primera versión, si tenés acceso a las tarjetas y a la consola de Google. Lo que lleva más es confirmar quién es responsable de cada herramienta y cuántas licencias se usan de verdad, porque eso requiere preguntar. Mantenerlo al día es lo que falla después, no armarlo.
Para empezar, la planilla alcanza. Falla cuando nadie la actualiza: una compra nueva, una persona que se va o una renovación no la tocan. Mekovault lee las licencias de Google Workspace, registra el resto en Compras de software con precio y fecha de renovación, e importa tu planilla para no arrancar de cero.