El mail de un empleado que se va no se borra ni se lee en bloque: se redirige a quien toma sus temas, se activa una respuesta automática y, si hace falta revisar conversaciones en curso, se delega la casilla a la jefatura. En Argentina la Ley 25.326 y la jurisprudencia laboral permiten a la empresa gestionar esa casilla cuando existe una política informada y la revisión es proporcional.
Actualizado el 11 de octubre de 2026 · 8 min de lectura · Mekovault
“¿Puede la empresa conservar y acceder a la casilla de mail de un trabajador despedido?” es la pregunta más repetida en los foros legales en español, y la respuesta corta es: sí, con condiciones. La cuenta es un recurso de la empresa; lo que la ley protege es la expectativa de privacidad de la persona. Esa expectativa se reduce cuando hay una política de uso conocida y firmada que dice que el correo corporativo es de la empresa y que puede ser gestionado al terminar la relación.
Esto no es asesoramiento legal: es el resumen de lo que publican las fuentes y de lo que vemos funcionar. Tu política la revisa tu abogado.
Al programar una baja, Mekovault le pregunta a la jefatura (no a IT) qué hacer con el mail y los archivos, con tres opciones en un correo: traspasar a alguien, recuperar información por unos días, o desactivar. Ejecuta la respuesta automática y la redirección a la hora de salida, programa la eliminación y guarda la evidencia 365 días. Si alguien pide una cuenta genérica para una función, esa cuenta nace con dueño y fecha de revisión. Más detalle en cómo dar de baja a un empleado.
Puede gestionarlo, y revisarlo de forma proporcional si existe una política informada de uso del correo. En Argentina la Ley 25.326 exige finalidad y proporcionalidad en el tratamiento de datos, y los tribunales laborales han aceptado el control del correo corporativo cuando el empleado fue informado por escrito de que la herramienta es de la empresa y de que puede ser revisada. Leer toda la casilla por curiosidad no cumple ninguna de las dos condiciones.
No hay un plazo único. Depende de las obligaciones contractuales e impositivas de tu empresa. Lo razonable es una política escrita: por ejemplo, redirección 90 días, archivo 2 años cuando exista obligación, eliminación después.
Por eso la política debe decir que el correo corporativo es de la empresa y puede ser gestionado al terminar la relación. Y por eso la práctica recomendada es redirigir y delegar, no leer en bloque: minimiza lo que la empresa ve.