El correo de un empleado que se va no se borra ni se lee en bloque: se redirige a quien toma sus temas, se activa una respuesta automática y, si hace falta revisar conversaciones en curso, se delega el buzón a la jefatura. La ley de Chile, España y México permite a la empresa gestionar ese buzón cuando existe una política informada y la revisión es proporcional.
Actualizado el 11 de octubre de 2026 · 8 min de lectura · Mekovault
“¿Puede la empresa conservar y acceder a la cuenta de correo de un trabajador despedido?” es la pregunta más repetida en los foros legales en español, y la respuesta corta es: sí, con condiciones. La cuenta es un recurso de la empresa; lo que la ley protege es la expectativa de privacidad de la persona. Esa expectativa se reduce cuando hay una política de uso conocida y firmada que dice que el correo corporativo es de la empresa y que puede ser gestionado al terminar la relación.
Esto no es asesoría legal: es el resumen de lo que publican las fuentes y de lo que vemos funcionar. Tu política la revisa tu abogado.
Al programar una baja, Mekovault le pregunta a la jefatura (no a IT) qué hacer con el correo y los archivos, con tres opciones en un correo: traspasar a alguien, recuperar información por unos días, o desactivar. Ejecuta la respuesta automática y la redirección a la hora de salida, programa la eliminación y guarda la evidencia 365 días. Si la persona pide una cuenta genérica para una función, esa cuenta nace con dueño y fecha de revisión. Más detalle en cómo dar de baja a un empleado.
Puede gestionarlo, y revisarlo de forma proporcional si existe una política informada de uso del correo. En Chile, un fallo de 2023 aceptó la revisión del correo corporativo tras la desvinculación con esa condición; en España, la AEPD exige información previa, finalidad legítima y proporcionalidad; en México aplica la ley de protección de datos del sector privado. Leer todo el buzón por curiosidad no cumple ninguna de las tres.
No hay un plazo único. Depende de las obligaciones contractuales y tributarias de tu empresa. Lo razonable es una política escrita: por ejemplo, redirección 90 días, archivo 2 años cuando exista obligación, eliminación después.
Por eso la política debe decir que el correo corporativo es de la empresa y puede ser gestionado al terminar la relación. Y por eso la práctica recomendada es redirigir y delegar, no leer en bloque: minimiza lo que la empresa ve.